Netflix less about flicks, more about TV

By Ben Fritz and Joe Flint, Los Angeles Times

Like most fresh faces that arrive in Hollywood,Netflix wanted to be a movie star.

But now it’s learning what many in Tinseltown have known for decades: Movies are sexy, but the real money is in television.

Launched in 1997 with a goal of eliminating the drive to the video store, Netflix Inc. became a hit with consumers and helped push the movie rental chainBlockbuster into bankruptcy. By charging customers a small monthly fee for unlimited DVDs by mail, then expanding into Internet streaming in 2007, it amassed almost 25 million subscribers in the U.S. and in 2011 had revenue of $3.2 billion.

For most of that time, Netflix was all about flicks. More than 80% of the discs it shipped and virtually all of its streaming content when that service began consisted of movies.

Not anymore. More than 60% of the 2 billion-plus hours of video streamed by Netflix subscribers during the fourth quarter of 2011 originated on the small screen.


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http://www.chicagotribune.com/business/la-fi-ct-netflix-20120205,0,6552350.story

El 3D

PAGINA 12

22 de Diciembre 2011
Balance de la producción cinematográfica internacional que se vio en la Argentina en 2011

Números buenos, resultados no tanto

El 3D empujó la recaudación, con un crecimiento del 10,9 por ciento de espectadores, pero también concentró el mercado todavía más de lo que ya estaba. Bajó la cantidad y la calidad de los estrenos y el cine internacional off-Hollywood pagó los platos rotos. 

Por Luciano Monteagudo


“Un anti Cinema Paradiso”: eso fue La vida útil, del uruguayo Federico Veiroj.

Cuando se habla de balances, primero cuentan los números. Y los números de la exhibición cinematográfica en la Argentina durante la temporada 2011 –al menos aquellos que reflejan la recaudación y la cantidad de espectadores– fueron positivos. Muy positivos. Según datos de la consultora especializada Ultracine, al 30 de noviembre de 2011 se llegó a los 40.017.379 espectadores, con lo cual para cuando termine el año se habrá superado la barrera de los 42 millones de espectadores. Eso significa que en el total anual (11 meses) el público aumentó el 10,9 por ciento. Y la recaudación creció ¡42,1 por ciento! respecto de 2010: 912.424.674,01 contra 641.921.430,23 pesos.

Todos esos números pueden a su vez resumirse en uno solo, al que se le agrega la cuarta letra del alfabeto: 3D. El fenómeno de la tridimensionalidad llegó para quedarse e hizo la diferencia. El gran público compró –literalmente– la novedad y fueron las películas estereoscópicas, ésas que saltan sobre los ojos y resbalan en la memoria, las que empujaron las cifras del mercado local hacia arriba, en coincidencia con lo que pasa en casi todas partes del mundo.

Claro, esos números tan rutilantes esconden u opacan otros, más oscuros. La proliferación de dibujos animados y superproducciones de Hollywood en 3D concentró aún más el mercado de lo que ya estaba. Crecieron los espectadores y la taquilla, pero decreció la cantidad y, sobre todo, la calidad de los estrenos. El cine argentino –que tendrá su balance aparte, para dar cuenta de toda su complejidad– padeció particularmente esta concentración, con falta de fechas apropiadas y salas y horarios dignos para estrenar (aunque los espacios Incaa consiguieran en parte paliar el problema, especialmente el Km0 Gaumont, que se ha vuelto todo un éxito). Pero el cine internacional off-Hollywood pagó los platos rotos, como nunca antes.

Esa homogeneización de la cartelera, esa consagración de la sociedad del espectáculo –como hubiera dicho Guy Debord– que significó el triunfo del 3D, terminó de expulsar a los márgenes a casi todo el cine que no proviniera de la central de Hollywood. La brecha entonces se amplió: mientras el mainstream se enseñoreó como nunca en las cómodas multisalas 3D con sonido Dolby Stereo Digital, aderezadas con el dulzón olor a gaseosa y pochoclo, el cine europeo, asiático o latinoamericano fue empujado más y más a los circuitos paralelos, a las salas periféricas, con estreno en esa modalidad degradada que es la proyección en dvd ampliado, un formato que quizás expulsa más espectadores de los que se supone que suma.

Para leer el resto del artículo ir a:
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/suplementos/espectaculos/5-23898-2011-12-22.html

Cuevana: otra historia, Rolling Stone

La historia detrás de Cuevana

A los 20 años, entre fernets y capítulos de Lost, Tomás Escobar creó un monstruo desde su habitación de estudiante en Córdoba; ahora, después de perder en el camino a dos amigos, quiere ser parte de la industria del entretenimiento

Foto de Eugenio Mazzinghi
Por Pablo Plotkin

En un café de la zona de las facultades, una mañana de primavera, Tomás Escobar es la versión geek de un vendedor de tónicos para la juventud eterna. Durmió poco, se pasó la noche rediseñando la interfaz de Cuevana y reescribiendo el código para que el sitio no colapse. El tráfico crece a razón de un veinte por ciento mensual, con un récord diario de dos millones de visitas. A esta hora, tiene la cara tan pálida como el culo de Mark Zuckerberg, pero aun así, con 22 años y una adorable tonada sanjuanina, le queda medio tanque de energía para diseminar su fe.

Tal vez no sea un entrepreneur carismático, pero tampoco es un nerd sin ángel. En estos últimos meses, después de abandonar los estudios de Ingeniería en Sistemas en Córdoba y mudarse a Buenos Aires, la popularidad de su plataforma lo dotó de una evidente confianza en sí mismo. A eso le sumó un poco de asesoramiento legal y unas cuantas dosis de literatura emprendedora 2.0. Habla del diferencial de la “experiencia Cuevana” y asegura que los sitios valen por sus comunidades (en su caso, habría que valuarlo en millones de dólares). Dice que está pactando acuerdos con señales de cable, productoras y un importante organismo estatal. “La idea es convertir a Cuevana en una empresa internacional con base en el país”, comenta este fan de Arcade Fire que maneja su negocio (al que él llama prudentemente “hobby”) desde una MacBook Pro en el departamento de un amigo, en un edificio de la calle Anchorena, donde duerme de prestado hasta tanto se consiga una vivienda en la ciudad.

Esta es una historia que mezcla fascinación tecnológica, adicción a las series, amistad adolescente, dólares frescos, inocencia interrumpida, acusaciones de traición y peleas sin sangre. El kilómetro cero del relato es Nueva Córdoba, el distrito universitario como un improbable Silicon Valley on fernet, o un lugar donde, se supone, nadie está pensando el rumbo cultural de la época, excepto un par de pibes que absorbieron intuitivamente la visión de futuro, sin delirios de grandeza ni dilemas filosóficos. Una generación bendecida con una confianza ciega en sus percepciones, y con una capacidad delirante para convertir las propias necesidades cotidianas en demanda masiva. La época la están haciendo estos iluminados rasos.
Hablamos de una de las veinte plataformas argentinas más visitadas de Internet, y la más exitosa de América latina en su rubro. El lugar al que vamos cuando queremos ver el último capítulo de True Blood o Mad Men en buena resolución y con subtítulos en castellano. Y un invento atravesado por debates silenciosos sobre propiedad intelectual, legislación y nuevos modos de distribución de mercancía cultural. “Cuevana es un emergente creado más por los usuarios que por sus fundadores”, dice Julián Gallo, editor del sitio Mirá! “La industria no respondió a tiempo a la madurez tecnológica de los televidentes. La gente tuvo que hacerlo.”
En un rincón del bar desierto, frente a la primera Pepsi del día, Tomás Escobar encarna el discurso opuesto a los anarco-hackers de Anonymous, por ejemplo, los que prometen destruir Facebook por negociarle a las corporaciones la información del pueblo. Ni siquiera tiene el tono jactancioso y provocador del primer Zuckerberg, el que decía que los capitalistas venían a robarle sus ideas revolucionarias. Tomás ejerce la prédica del adaptado. Sabe que se ha movido al filo de la ley, pero también entiende que lo que le explotó en las manos es grande. Hijo de un contador que ejerce de empresario, está asesorado y quiere ser parte del establishment de los nuevos medios. Así resume su estrategia: “Cuevana captó la demanda de los usuarios. Ahora el objetivo es que se retroalimente con el cine. Crear un nuevo modelo de negocio”.
Para algunos, la cosa no es tan sencilla. “En tanto negocio, la plataforma es ilegal”, dice Mariano Amartino, de Überbin I/A, una consultora de estrategias en Internet. “Ni lo analizo en lo moral o como emprendedorismo. Esto es lucro con la reproducción pública de obras sobre las que no tienen derechos. Punto.” Andrés San Juan, abogado especialista en este tipo de conflictos y representante de los Taringa! (procesados por una demanda de la Cámara del Libro), no está de acuerdo: “Ellos no hacen la copia ni la distribuyen; la facilitan. Puede que Cuevana sea parte de la cadena, pero no hay delito ahí”.

La coartada legal de Cuevana (que hasta ahora no recibió ni una intimación judicial) se basa en que el sitio no descarga ni aloja los contenidos: funciona como un exhibidor de material bajado en otras partes. Desde el punto de vista técnico, lo que Cuevana pone a disposición es el link. “El link es sagrado”, dice Beatriz Busaniche, wikipedista y militante de Vía Libre, una agrupación que pelea por un cambio en la ley de propiedad intelectual. “Si van contra el link, no queda nada en Internet.” Sólo que, en el caso de Cuevana, gracias a un detalle sustancial de programación, el link se consume en casa. “Esto es algo comercialmente fabuloso -dice el periodista y desarrollador web Nacho Román-, pero no guarda relación con el espíritu descentralizado y abierto original de la web.” O sea que el punto sensible de la discusión bien puede ser ético. “Cuevana hoy no es un negocio”, se defiende Escobar. “Podría serlo, pero desde hace unos meses limité la publicidad al mínimo para pagar abogados y servidores [un gasto de miles de dólares al mes, para ese tráfico].”

Para leer el resto de este artículo:

http://www.rollingstone.com.ar/1419593-la-historia-detras-de-cuevana

OC Register Article on Latin American Studies

Free Latin American studies conference to feature O.C. educators


http://oclatinolink.ocregister.com/2011/10/27/free-latin-american-studies-conference-to-feature-o-c-educators/

(This is a trailer for “Casa Libre/Freedom House,” by Oregel Films, which will be screened during the conference on Friday.)

A number of graduate students and educators from Orange County colleges are scheduled to speak during the Pacific Coast Council of Latin American Studies Conference on Oct. 28 and 29 at Cal State L.A.

The event aims to bring together scholars, educators, graduate and undergraduate students and community members interested in Latin American studies, according to the group’s website.

Topics to be covered during the two-day event range from urban planning, to archeology, to social movements in Latin America.

To view a full schedule of events, click here.

Here’s a look at some of the Orange County participants:

• Ernesto Bassi of UC Irvine will participate in a panel Friday about colonial history.
• Pedro Acuña of UC Irvine will speak during a panel Friday about “Historical Perspectives on Race, Gender and Culture.”
• Tomás Crowder-Taraborrelli and Kristi M. Wilson of Soka University in Aliso Viejo are scheduled to speak Friday during a panel on “Social Movements, Human Rights, and Struggles for Justice.”
• Catherine Benamou and Rodrigo Lazo, both of UC Irvine, will take part in a panel Friday about artistEloy Torrez‘s work titled “Eloy Take Two: Transiting Between Experimental and Popular Art.”
• Benamou, Carlos Vargas, Cecilia Joulain and Claudia G. Pineda – all of UC Irvine – will participate in a panel Friday featuring film screenings and discussions called “Latina/o Youth At Risk: An Interdisciplinary, Transnational Dialogue.”
• Deysi Espinoza of Cal State Fullerton will take part Saturday in a panel titled “Going Home to Study Abroad: Latino/a Student Educational Delegations to Latin America.”

• Nathan Jones, Diana Kapiszewski, John Seth Alexander, Katja S. Newman, Robert Nyenhuis and Eric Mosinger – all of UC Irvine – are taking part in a panel Saturday titled “Who is in Control: Latin America’s Response to Weak Capacity.”

We’re told there is no charge to attend the conference.

The Pacific Coast Council on Latin American Studies is “an interdisciplinary organization composed of academics, professionals, students and other persons interested in promoting scholarly research and dialogue between the U.S., Latin America and the Caribbean.”

For more information on the group, click here.

“La vida del hombre transcurre entre lo deseable y lo posible”

Octavio Getino fue coautor con Pino Solanas de la película La hora de los hornos. Con 76 años, mantiene su interés por los nuevos espacios de la imagen como parte del proceso que culminó, “felizmente” afirma, con la ley de servicios audiovisuales.

Estado de situación de una pasión argentina

El “debut” fue el 17 de octubre de 1951, en el marco del acto por el sexto aniversario de la lealtad peronista. Desde entonces, la TV argentina transitó un sinuoso camino hasta hoy, siempre condicionada por los vaivenes políticos, sociales y económicos.


Es amada y odiada con igual intensidad. Es celebrada y maldecida a diario por unos y otros, incluso por los mismos televidentes que pasan de un sentimiento a otro con una diferencia de cinco minutos. Es compañera fiel de pasados personales, y también colectivos. Es entretenimiento y memoria. Es reflejo de lo social, y constructora de realidades. Es el pasaje gratuito que todos tienen –botón mediante– para ingresar a mundos inimaginables. Hace reír y llorar, emociona y enoja, indigna y divierte: todo junto, revuelto y sin anestesia. Es “caja boba” y generadora de conciencia. Sorprende y repite, promete y desilusiona, entretiene y aburre, transmite optimismo y pesimismo. Es niñera electrónica y formadora de opinión,; brillante y basura. Es el pariente electrónico que todos comparten, que iguala más allá de cualquier diferencia económica, cultural, política y/o social. Es simplemente la tele, ese aparato que tantas contradicciones genera, ese mundo incomprensible que se cuela en cada casa, de un misterioso sabor al que nadie puede resistirse. La tele cumple hoy seis décadas de vida, una fecha redonda por la que vale la pena festejar. Aún cuando a diario se crea que el zapping infructuoso haya sido, otra vez, una pérdida de tiempo.


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Las muñecas con huesos (scene 1-42)

Foto T.C.T
[1]
EXT. JARDIN DEL FONDO DE LUCRECIA. MANANA
El sol cae sobre un cantero lleno de plantas. Parece una pequeña jungla. A su lado, un perro medio raquítico respira con la lengua afuera.
[2]
INT.DORMITORIO DE LUCRECIA. MAÑANA
El sol se cuela por las rendijas de la persiana. LUCRECIA está acostada en el centro de una cama matrimonial. Las sábanas están revueltas al pie de la cama. Tiene la boca abierta y respira ahogada. Lucrecia tiene unos cuarenta años. A pesar de que es muy linda se la ve un poco baqueteada.Sus ojos están cerrados y tiemblan. La cámara se acerca a su boca e intenta captar el halo de su respiración. Desde la cama, se ve un pasillo y al final del pasillo un baño.
[3]
INT. BAÑO DE LUCRECIA. MAÑANA
SERGIO, el hijo de Lucrecia, está de espaldas orinando. Tiene un par de auriculares puestos. Sergio tiene 17 años y se viste como un rockero (jeans ajustados, zapatillas Converse, una remera muy gastada de Las Pelotas). Sergio se cierra la bragueta y tira la cadena. Se limpia las manos con una toalla y la arroja con displicencia en un rincón. Cruza el pasillo y entra al cuarto de Lucrecia. Cuando pasa al lado de la cama Lucrecia le pregunta:
                                    LUCRECIA
                        ¿Cuándo volvés?
                                    SERGIO
                        Tarde.
Sergio sale del cuarto con la música a full.
[4]
INT. COMEDOR. MAÑANA
Sergio guarda dos manuales de electrónica, un manojo de lápices y marcadores dentro de una mochila. Se pone su carga al hombro y sale del cuarto.
[5]
INT. DORMITORIO DE LUCRECIA. MAÑANA
Lucrecia sigue acostada ahora con los ojos abiertos. Los rayos de sol que penetran por la persiana son más intensos. Afuera se escucha un bocinazo y el ronroneo de una moto. Lucrecia se levanta y se queda sentada en un costado de la cama con la mirada perdida.
[6]
INT. COCINA DE LUCRECIA. MAÑANA
Lucrecia cruza el comedor y entra a la cocina. Tiene puesta una remera grande que le llega hasta el muslo. De un manotazo prende la radio que está pasando un bolero de Tito Rodriguez. Camina hasta la cocina. Agarra un Magiclick y abre el gas de la ornalla. Se detiene para escuchar la canción.
                                    TITO RODRIGUEZ
Un cigarrillo, la lluvia y tú. Me trastorna. Dejo mis labios sobre tu piel. Me vuelvo loco. La posesión del momento, ya se olvidó del invierno. Y a la ventana se asoma buscando sus brazos muertos…
No le gusta. Cierra el gas, apoya el Magiclick sobre la mesada y regresa a la radio. Gira el dial. Encuentra un tango lacrimógeno. No le gusta. Vuelve a girar el dial. Se escuchan los primeros acordes de Top of the world de los Carpenters. Una voz de mujer habla sobre la canción.
RADIO ESCUCHA
Hola, soy Susana de San Justo y los llamo para felicitarlos y decirle que me gusta mucho las canciones que ponen en la radio. Cuando estoy triste…cansada…pongo la Energy y me siento bien. Gracias por la compañía.
Lucrecia levanta el volumen. Se escuchan los primeros versos de Top of the world.
CARPENTERS
Everything I want the world to be is now coming true especially for me. And the reason is clear.
It’s because you are here
You’re the nearest thing to heaven that I’ve seen…
Regresa a la cocina, enciende la ornalla y pone la pava en el fuego. La tapa salta violentamente cuando el agua empieza a hervir y cae en el piso. Justo en ese momento, dos golpes fuertes sacuden la puerta de la calle. Lucrecia se levanta para mirar por la mirilla. La casa de Lucrecia tiene un pequeño jardín en el frente. Desde mirilla de la puerta de la cocina se puede ver la mirilla de la puerta de la calle. Un bulto se mueve nerviosamente detrás del vidrio.
[7]
EXT.JARDIN DEL FRENTE. MAÑANA
Lucrecia abre la puerta del frente y atraviesa el jardín. Cuando llega a puerta se encuentra con EL CARTERO, un flaquito calentón de esos que se paran en el kiosko para hacerse el bocho con la tapas de las revistas.
CARTERO
¿Sadoni, Lucrecia?
LUCRECIA
Si, soy yo.
CARTERO
Telegrama.
El cartero le pasa el sobre por la ventana y se seca la frente con una pañuelo. El cartero se pone de puntas de pie y aprovecha para chispearle las piernas.
CARTERO
Qué calor, ¿no?
Lucrecia abre el sobre y lee el telegrama. El cartero se pone ansioso.
CARTERO
¿Lo puede leer después, señora?
El cartero le pasa una lapicera. Lucrecia da vuelta el sobre, firma y se lo devuelve.
CARTERO
La calle Dehesa, es para allá o para allá.
LUCRECIA
(indicándole la dirección)
Para allá.
Cuando el cartero se va aparece la cara regordeta de RITA en la mirilla. Rita tiene la misma edad que Lucrecia pero perdió la batalla contra su ansiedad y las ganas de comer. Es la típico gordita dulce de barrio, siempre lista a darle una mano a alguien, amigo o enemigo.
RITA
Te terminé el vestido, Lu. Por favor, pasá esta tarde a buscarlo y me saldás la deuda. Tengo que pagar el lame.
LUCRECIA
Lo terminastes. Entonces tengo que pasar a buscarlo.
RITA
¿Estás bien?
LUCRECIA
Sí, lo que pasa es que todavía no tomé mate.
RITA
Bueno, después del maté pasá. Te dejo, tengo un toco de laburo. Chau, Lu.
Lucrecia cierra la mirilla y regresa a la casa.
[8]
INT.COCINA. MANANA.
Lucrecia está parada frente a la pava. Se agarra la frente.
INT. LIVING-COMEDOR DE RITA. MEDIODIA.
La casa de Rita está atestada de muebles antiguos lo que le da un ambiente funerario. Rita está sentada frente a una mesa redonda trabajando en su máquina de coser Singer. Al lado de la máquina de coser vemos un sándwich de milanesa mordisqueado. En la mesa hay retazos de telas, tijeras, carreteles de hilo de todos los colores, el busto de un maniquí, una cabeza de tergopol con una peluca rubia, rollos de papel madera, etc. Pegados del empapelado, cuelgan láminas de modelitos de revistas de corte y confección tipo Labores. Golpean a la puerta.
RITA
(gritando)
Pasé.
Lucrecia entra con dos cuadritos en la mano. Rita se levanta y apaga la máquina.
RITA
¿Y eso?
LUCRECIA
En casa decían que son de un pintor famoso de Mar del Plata. Es lo único de valor que me dejó Mario.
RITA
Que yo sepa de Marpla no salió ningún Vangó.
LUCRECIA
No sé, pensé que lo podíamos vender y con eso pagábamos el lamé.
RITA
Sos muy ingenua, Lu. Dame esos mamarrachos y probate el vestido.
[10]
INT. DORMITORIO DE RITA. MEDIODIA
Lucrecia entra al dormitorio de Rita. Parece la celda de una monja. Sobre la cama hay un vestido de lamé violeta. Lucrecia se desviste y se pone el vestido. El vestido le queda bien pero es como de otro siglo-uno de esos vestuarios que usó Judy Garland en Meet me in Saint Louis.
[11]
INT. LIVING-COMEDOR DE RITA. MEDIODIA
Lucrecia entra modelando el vestido violeta.
LUCRECIA
Parezco Mirta Legrand en la entrega de los Martín Fierro. No te parece como demasiado. Es para un acto de graduación.
RITA
No seas boluda. Te apreta las caderas pero no te hace culona.
LUCRECIA
No me hace culona. Soy culona!
RITA
Por eso. Sabés la cantidad de viudos y divorciados que va a haber en el acto. Te queda divino. Vení que te termino el ruedo.
[12]
EXT. PATIO DE RITA.
Rita y Lucrecia están sentadas sobre sillas de plásticos tomando un mate. Lucrecia se lleva la mano a la frente.
LUCRECIA
Todos los meses un imponderable, gorda.
RITA
Todo el mundo está como el orto, Lu. A mí, hace más de tres meses que no me pagan un trabajo. Disculpame, me gusta poder darte alguna changa, pero te digo, no tengo ya ni para morfar.
LUCRECIA
Ya sé, gorda. No te lo digo para que te pongas mal.
RITA
¿Y la pensión? La seguís cobrando.
LUCRECIA
Por ahora sí. Lo que pasa es que vengo guardándola porque le prometí a Sergio darle la moto cuando terminara el industrial. Quiere repartir pizzas con su amigo Hernán.
RITA
Ese pibe ya se dió un par de palos. Es un laburo peligroso.
LUCRECIA
Sabés como es él. Un cabeza dura.
RITA
Cuidalo más, Lu. No lo dejes hacer lo que quiere. Los chicos a su edad necesitan que los guien.
LUCRECIA
Sabés bien que yo para eso no sirvo. El tenía a su padre que lo quería pero murió. Ahora te tiene a vos.
RITA
Sí, pero yo no soy su madre. Lo puedo aconsejar pero hasta ahí. No me gusta darle órdenes. Eso lo tenés que hacer vos.
LUCRECIA
Ya sé.
[13]
EXT.JARDÍN DEL FONDO DE LUCRECIA.
Lucrecia está de rodillas refregando las baldozas del patio. El sol pega fuerte. Mete el cepillo en el balde y sigue resfregando. El agua enjabonada le salpica los brazos y las piernas. Se detiene, se seca la frente, y vuelve a darle. De repente, se escucha un suspiro. Es claro que no viene de ella. Lucrecia, levanta la cabeza, la gira y mira aterrorizada por sobre su hombro.
LUCRECIA
¿Mario…?

Foto T.C.T

[14]
INT. DORMITORIO DE LUCRECIA. MANANA
Lucrecia abre las puertas de su armario. La mayoría de sus vestidos son muy coloridos. Al final del perchero encuentra un tapado gris. Lo saca y se lo prueba frente al espejo. Se arregla el pelo y se endereza la camiseta. Le queda bien. Regresa al ropero. En el piso del ropero hay un par de zapatillas reventadas, un par de sandalias y dos pares de zapatos: unos negros y otros marrones. Se pone los negros y camina con dificultad por el cuarto. Cansada, se sienta sobre la cama y se agarra la cabeza.
[15]
EXT. FRENTE DE LA CASA DE LUCRECIA. MEDIODIA.
Lucrecia sale de su casa vistiendo el tapado, los zapatos negros de taco alto y un vestido de verano con florcitas. Por la calle Lugones viene un colectivo. Se apura a cerrar la puerta, guarda las llaves en una cartera de noche y cruza la calle agitando el brazo. El colectivo para en la esquina.
[16]
INT. COLECTIVO. MEDIODIA.
Lucrecia pone las monedas en la máquina. El colectivo se sacude para un costado y Lucrecia se agarra como puede de un poste. Una VIEJA que combate el calor sofocante con un abanico la mira sorprendida. Lucrecia baja la mirada y se mira la ropa. Camina para el fondo del colectivo. Está casi vacío. Una MADRE le está cantando una canción a su HIJO de seis años.
MADRE
Quién sabe Alicia este país no estuvo hecho porque sí. Te vas a ir vas a salir pero te quedas dónde más vas a ir. Es que aquí, sabes que…
HIJO
El trabalenguas, trabalenguas…el asesino te asesina…
Cuando Lucrecia pasa junto a ellos, la Madre le cuchichea algo al hijo y empiezan a reírse. Lucrecia se sienta y se abre el tapado. Tiene la frente cubierta de sudor.
[17]
EXT. CEMENTERIO DE LA CHACARITA. MEDIODIA
Lucrecia camina hacia el Cementerio de la Chacarita. Una VENDEDORA DE FLORES pregona su mercadería en la vereda.
VENDEDORA DE FLORES
Señora, un ramo de flores,.
LUCRECIA
Otro día.
Lucrecia saca el telegrama del bolsillo.
LUCRECIA
¿La secretaría?
VENDEDORA DE FLORES
Le digo si me compra unas flores.
LUCRECIA
Bueno, dame una flor. Cualquiera.
VENDEDORA DE FLORES
¿Una sola?
LUCRECIA
Si, con una alcanza.
La mujer le envuelve un clavel rojo.
VENDEDORA DE FLORES
Agarre por el caminito de la izquierda.
Lucrecia empieza a caminar en esa dirección.
VENDEDORA DE FLORES
Eh! Son dos pesos.
Lucrecia se da vuelta, abre la cartera y le paga.
[18]
EXT.SECRETARIA DEL CEMENTERIO. MEDIODIA
Lucrecia sube la escalera de la secretaría.

Foto T.C.T
[19]
INT. SECRETARIA DEL CEMENTERIO. MEDIODIA
Lucrecia apoya el clavel sobre el mostrador. El SECRETARIO está hablando con LAURA, su asistente. El secretario es un gordito que le cuesta la vida. No puede ni atarse los cordones sólo, pero eso no quiere decir que se un ingenuo o un boludo. En la mano lleva un pañuelo y cada dos por tres se seca un gota de sudor. Laura es una flaquita de anteojitos con cara de traga.
SECRETARIO
(con un mal tono)
Yo no agarro esa sartén por el mango. Yo ya les dije a esa gente. No sé si se lo llevaron, si se lo robaron, si se esfumó en el aire. No es problema mío. Que vayan a reclamarle a la policía.
El Secretario la ve entrar a Lucrecia, que tiene el telegrama en la mano.
LUCRECIA
Disculpeme, pero tengo un problema.
El Secretario agarra el telegrama con desgano. Lo lee.
SECRETARIO
Está claro, ¿no? Sino paga la deuda que tiene antes de fin de mes van a exhumar el cuerpo y ponerlo en el osario general.
LUCRECIA
¿En el osario general?
SECRETARIO
Es la fosa común donde se entierra a los familiares de los morosos. No tiene nada de que avergonzarse. Hay mucha gente pasa por lo mismo.
LUCRECIA
Pero mi marido tiene su tumba.
SECRETARIO
Y la va a seguir teniendo, pero en el osario general.
Lucrecia saca una libreta de cuero de la cartera. La abre y se la muestra al secretario.
LUCRECIA
Sino se puede hacer nada, entonces me gustaría poder despedirme de mi marido.
SECRETARIO
Vaya nomás. El cementerio está abierto.
Lucrecia parece estar desorientada.
SECRETARIO
(con compasión)
¿Hace mucho que no lo visita? No hay problema, señora. Laura la va a orientar. Laura, ayude a la señora.
Laura está terminando de discutir en el teléfono. Cuelga y se acerca al mostrador.
LAURA
¿A ver la libretita, señora?
LUCRECIA
Mario Vázquez. Mi marido se llama Mario Vázquez.
Laura abre un libro de registros enorme. Las páginas están llenas de tachaduras y apuntes hechos a manos.
LAURA
Acá está. Le hago un mapa. Es más fácil de esa forma.
LUCRECIA
Bien. Con un mapa está bien.

Foto T.C.T
[20]
EXT. CALLE PRINCIPAL DE LA CHACARITA. MANANA
Lucrecia camina por la calle principal de la Chacarita. Lleva el clavel, y el mapa que le dibujó Laura en la mano. Estudia el mapa y luego trata de orientarse mirando un cartel. Se saca el tapado, se lo cuelga del brazo y sigue por el camino cercado de árboles.
[21]
EXT. LOTE DE TUMBAS. MANANA
Cuando Lucrecia llega al lote de tumbas ve a UNA ANCIANA arrodillada sobre el pasto cambiando las flores en la tumba de su marido. Lucrecia se detiene y la mira con piedad. A unos metros, dos exhumadores están trabajando en otras tumbas. EL PELADO está arreglando un jardincito y EL NEGRO mueve tierra de una tumba para la otra con una pala. Los dos tienen más o menos la misma edad, unos cuarenta años. Tienen la piel curtida de tanto estar al sol y las manos y brazos salpicados de tierra. La tierra está reseca y los cascotes levantan polvo. Lucrecia consulta su mapa.
LUCRECIA
Esta es la sección cinco, manzana dos.
EL PELADO
Sí, señora ¿Qué tablón?
LUCRECIA
El dieciséis.
EL PELADO
¿La dieciséis, negro?
NEGRO
La dieciséis. Esa, la que está media hecha mierda.
El Pelado se da vuelta y apunta hacia una tumba. Lucrecia camina unos pasos hacia la dieciséis. La tumba está hundida y agrietada. Se agacha y apoya el clavel entre las grietas. Luego regresa y se dirige a los sepultureros.
LUCRECIA
Tengo un problema. Si no pago cuatrocientos pesos antes de fin de mes van a desenterrar a mi marido y lo van a poner en el osario general.
EL PELADO
Ese es el procedimiento, señora.
LUCRECIA
¿Y no se puede hacer nada?
El Pelado se da vuelta nuevamente y lo mira al Negro. El Negro clava la pala en la tierra.
EL PELADO
Si quiere puede ir a ver al patrón. Se conoce que él ayuda a la gente.
LUCRECIA
¿Cómo se llama el patrón?
EL PELADO
Julio, el exhumador. Está en la casilla.
Lucrecia sigue el sendero de tumbas hasta llegar a la casilla. La puerta está entreabierta. Lucrecia empuja la puerta.
[22]
INT. CASILLA DE LA CHACARITA. MAÑANA
Sentado, con los codos apoyados sobre la mesa está JULIO. Julio tiene unos cincuenta años. Tiene las entradas bien marcadas y una barba de dos días. Tiene la pinta y la actitud de una estrella de un Western. La casilla está vacía, excepto por la mesa y la silla donde está sentado.
LUCRECIA
Los hombres que están trabajando afuera me dijeron que me puede ayudar.
JULIO
¿Cuál es el problema?
LUCRECIA
No puedo pagar más la tumba de mi marido. Debo cuatrocientos pesos y no los tengo. Y sino pago lo van a tirar en el osario general.
JULIO
¿Hace cuánto años que murió su marido?
LUCRECIA
Nueve…diez años. Creo.
JULIO
Señora, usted tiene dos opciones- o acepta que pongan a su marido en la fosa común o se lleva sus huesos a casa.
LUCRECIA
¿A casa? ¿Y qué hago con los huesos de mi marido en casa?
JULIO
La única condición que le pongo es que cuando le entrego los huesos usted los revisa ahí adelante mío y  me asegura que se puede hacer cargo. Si quiere mañana en El Imperio, la pizzería que está en frente de las estación, le hago la entrega. ¿A la mañana le parece bien?
Lucrecia duda.
LUCRECIA
Lo que pasa es que marido fue atropellado por un tren.
JULIO
¿Y?
LUCRECIA
No sé le digo, por el estado del cuerpo, los huesos.
JULIO
No se preocupe. Nosotros nos encargamos de todo.
Lucrecia se queda petrificada. No sabe cómo reaccionar a todo esto.
JULIO
Vaya, señora. Me imagino que debe tener cosas que hacer.
[23]
INT. COCINA. TARDE
Lucrecia, con el tapado puesto, acomoda unas bolsas de supermercado sobre la mesada. De una de las bolsas saca un paquete envuelto con papel manteca manchado de sangre, una lechuga, dos tomates peritas, tres pancitos y una botella de Coca-Cola. Se agacha y saca una tabla de madera con un clavo en el medio. Abre el paquete y clava la colita de cuadril en la tabla. Abre un cajón, saca un cuchillo desafilado y con torpeza comienza a quitarle la grasa a la colita. Cuando termina, se quita el tapado y lo apoya sobre una silla. Enciende la radio. Música folclórica. Sale al patio.
[24]
EXT. JARDIN DEL FONDO. TARDE
Lucrecia saca una parilla desvencijada de un rincón del jardín. Al lado de la parilla, hay una escoba, una pila de diarios amarillentos y un cuarto de bolsa carbón. Intenta limpiar la parrilla con la escoba, pero la escoba está demasiado vieja y seca y pedacitos de paja quedan pegados a la parrilla. Camina por el jardín y recoge unas ramitas. Las pone en la parrilla y con su encendedor enciende el fuego. No prende. Se tira sobre una silla de plástico. Con los pies, se saca los zapatos.
[25]
INT. VESTÍBULO DE LA CASA DE LUCRECIA. TARDE
La puerta de entrada se abre y entran Sergio y NATI. Nati tiene diecisiete años, la misma edad que Sergio. Es muy linda y le encanta mostrarlo. Tiene puestos un par de jeans una remerita muy cortita para mostrar el ombligo. Está descalza. Sergio la viene agarrando de la cintura.
SERGIO
Vení acá, trola.
Los dos se ríen. Siguen jugueteando hasta que entran en el comedor.
[26]
INT. COMEDOR DE LUCRECIA. TARDE
Sergio la intenta agarrar a Nati de la cintura pero se safa y se escapa a la cocina. Por poco no se choca con Lucrecia que sale de la cocina con la cola de cuadril clavada en la tabla.
LUCRECIA
Permiso.
Con el codo, Lucrecia abre la puerta del comedor y sale al jardín.
[27]
EXT. JARDIN. ATARDECER.
Lucrecia tira la colita sobre la parrilla. Hay poco fuego y la carne no chilla. En off se escucha la voz de HERNÁN.
HERNÁN
Buenas.
Lucrecia se da vuelta y lo ve a Hernán recostado sobre la reja del jardín.
HERNÁN
¿Preparando un asado?
LUCRECIA
Sí, carne.
HERNÁN
¿Puedo pasar?
LUCRECIA
Sí, claro. Pasá.
Lucrecia abre la reja y Hernán entra.
HERNÁN
Permiso. ¿Sergio está adentro?
LUCRECIA
Sí, pasá.
Lucrecia regresa a la parrilla. Toca la carne cruda con el dedo. Hernán se acerca.
HERNÁN
A ese fuego le falta carbón.
LUCRECIA
No hay más carbón. Se terminó la bolsa.
HERNÁN
En casa tengo. Puedo ir a buscarlo.
LUCRECIA
No, no te molestes. Tiene que alcanzar.
HERNÁN
Con permiso.
LUCRECIA
Pasá nomás.
[28]
INT. COMEDOR DE LA CASA DE LUCRECIA. NOCHE
Hace un calor de morirse. Las puertas del patio están abiertas. Se escucha el rumor de los grillos. Lucrecia está recostada en una silla abanicándose con un cartón. Hernán hace a un lado un pedazo de carne cruda. Sergio es el único que come. Natalia se sirve agua de una jarra de plástico y lo mira a Sergio con asco.
LUCRECIA
Cuando terminen de comer levanten la mesa por favor.
Lucrecia agarra su paquete de Jockey Club y sale al jardín.
NATI
No sé cómo podes comer carne cruda.
SERGIO
Ya estoy acostumbrado.
Sergio se mete el último pedazo de carne en la boca, se levanta y lleva su plato vacío a la cocina.
[29]
EXT. JARDÍN DEL FONDO. NOCHE
Hernán sale al jardín y encuentra a Lucrecia sentada en la silla fumando. Cuando lo ve a Hernán tira el cigarrillo entre la plantas.
LUCRECIA
No me gusta que Sergio me vea fumando.
HERNÁN
¿Y qué la vea así? Discúlpeme, soy un poco…
LUCRECIA
…un poco atrevido.
HERNÁN
¿La puedo ayudar en algo?
LUCRECIA
Le debo una plata al cementerio. Si no pago la deuda van a desenterrar a marido y lo van a tirar en una fosa común. Hoy fui a Chacarita y hablé con un tipo que dijo que me iba a ayudar.
HERNÁN
¿Cómo la va a ayudar?
LUCRECIA
Me lo va entregar.
HERNÁN
¿A su marido?
LUCRECIA
Sí, los huesos. Quedé en encontrarme con él mañana. No sé si tengo el coraje.
HERNÁN
Si es por eso la acompaño. Mañana no trabajo. Podemos ir en la moto.
Lucrecia saca otro Jockey y lo enciende.
LUCRECIA
¿Vistes que raro está el cielo, hoy?
HERNÁN
Un poco nublado, ¿no?
LUCRECIA
No me gusta nada este cielo. Algo va a pasar.
[30]
EXT. CALLE FRENTE A LA CASA DE LUCRECIA. MAÑANA
Hernán llega con la moto. La moto es una 350 con una caja térmica para poner las pizzas del reparto. Lucrecia abre el portón del jardín del frente y va a su encuentro. Está nerviosa y un poco desaliñada. Viste un vestido de verano con florcitas. El vestido está un poco raído. Le queda bien ajustado al cuerpo. Cruza el jardín del frente y abre el portón.
HERNÁN
Lindo vestido.
LUCRECIA
Vamos.
Lucrecia toma la iniciativa y se sube a la moto. El ruedo del vestido se le queda enganchado en la moto exponiendo su muslo. Hernán se está por subir cuando Lucrecia lo detiene para poder bajarse el vestido.
HERNÁN
¿Estás cómoda?
LUCRECIA
Sí, dale, vamos.
Hernán arranca y la moto sale despedida rugiendo por la calle.
[31]
EXT.AVENIDA BALBÍN. MAÑANA.
La moto se mete entre los carriles de autos. Lucrecia se agarra el vestido para que no se levante con el viento.
[32]
EXT. CALLE FRENTE AL BAR EL IMPERIO. MAÑANA
Chacarita hierve de gente. La jornada de trabajo está a full. Lucrecia se baja de la moto y Hernán con dificultad sube su vehículo al cordón. Lucrecia encara para “El Imperio”.
HERNÁN
Espere que la acompaño.
LUCRECIA
No, vos te quedás acá. Entro sola.
[33]
INT. EL IMPERIO. MAÑANA.
Lucrecia entra al Imperio. Busca a Julio entre las mesas. No lo encuentra, entonces camina hacia la barra. Un MOZO se le acerca deslizando sobre el mostrador una humeante taza de té.
MOZO
La está esperando en el fondo. Me hace una gauchada, ¿se lo lleva?
Al principio Lucrecia duda en agarrar la taza, pero acepta el desafío. Camina con cuidado entre la clientela. Julio está sentado solo, de espaldas a la calle y de frente a los baños. Tiene los codos apoyados sobre la mesa y la mirada clavada en la distancia. Lucrecia se acerca y apoya la taza sobre la mesa.
JULIO
Gracias.
Julio agarra la bolsa de té, con el hilito la escurre y la apoya en el plato. Con mucha elegancia, prueba el té. Lucrecia intenta sentarse pero un bolso Adidas ocupa la otra silla. Julio agarra el bolso y lo apoya sobre la mesa.
JULIO
Su marido, señora. Ya le cepillamos bien todos los huesos.
Lucrecia agarra las manijas con las dos manos.
LUCRECIA
¿Le debo algo?
JULIO
Un favor.
Lucrecia encara hacia la puerta. Julio la agarra del brazo.
JULIO
Oiga!
Lucrecia se da vuelta.
JULIO
(continúa)
No se olvide que tiene que inspeccionar el contenido del bolso. Ahí está el baño.
[34]
INT. BANO DE MUJERES DEL IMPERIO. MAÑANA
Lucrecia entra al baño. Es muy oscuro. Una canilla gotea y los espejos están manchados de humedad. El piso está cubierto de pisadas. Con la punta de su zapato, Lucrecia abre la puerta de un retrete.
[35]
INT. RETRETE DEL IMPERIO. MAÑANA
El retrete está vacío. Lucrecia el bolso en el piso. Se agacha y tantea su exterior. Respira profundamente y abre el cierre. Mete la mano dentro del bolso pero inmediatamente la saca, como si una rata se la hubiese mordido.
LUCRECIA
Mierda!
Lucrecia sale del retrete.
[36]
INT. BAÑO DEL IMPERIO. MAÑANA
Lucrecia camina hacia una de las piletas y se lava las manos. Se moja la nuca y el pecho. Se mira en el espejo. Está muy pálida. Da un paso para atrás y se mira las piernas. Una catarata de orina cae por sus piernas y se le mete en los zapatos. Desconcertada, se mete de nuevo en el retrete.
[37]
INT. DEL RETRETE. MAÑANA
Lucrecia agarra un manojo de papel higiénico y se seca las piernas. Tira el papel en el inodoro, agarra el bolso y sale del retrete.
[38]
INT. BAÑO DEL IMPERIO. MAÑANA
Lucrecia apoya el bolso en el piso, se arregla un poco el pelo frente al espejo, agarra el bolso y sale del baño.
[39]
INT. EL IMPERIO. MAÑANA
Lucrecia pasa frente a la mesa de Julio que la sigue con la mirada. Cruza todo el restaurante y sale.
[40]
EXT. CALLE FRENTE AL IMPERIO. MAÑANA.
Hernán se baja de la moto y camina hacia ella.
HERNÁN
¿Todo bien? ¿Te ayudo?
Con dificultad, Lucrecia se sube a la moto con el bolso entre las manos.
LUCRECIA
Dale, arrancá. Tengo cosas que hacer.
A Hernán le cuesta subirse a la moto porque Lucrecia y el bolso ocupan casi todo el asiento. Hernán arranca y manejando casi parado se pierde entre el tráfico.
[41]
EXT. CALLE FRENTE A LA CASA DE LUCRECIA. MEDIODÍA.
Lucrecia apoya el bolso sobre la vereda y se baja de la moto. Hernán amaga a bajarse.
LUCRECIA
Dejá, puedo sola. Gracias, Hernán.
HERNÁN
No me agradezca. No hice nada.
LUCRECIA
Sí, que hiciste. Me hiciste compañía. Pero ahora quiero estar sola. Si querés pasá a la noche y comemos juntos.
HERNÁN
¿Traigo una pizza? Es buena y cada turno me regalan una.
LUCRECIA
Si te la regalan, traéla.
Lucrecia se le acerca y le planta un beso en la mejilla.
LUCRECIA
En serio, gracias.
[42]
INT. VESTIBULO DE LA CASA DE LUCRECIA. MEDIODIA.
Lucrecia entra a su casa cargando el bolso. Cierra la puera.
LUCRECIA
¿Sergio?