Presunto culpable, una lectura heterodoxa

Presunto culpable, una lectura heterodoxa

para Arcadi Espada

Por Ricardo Cayuela Gally
Abril 2011 | Tags: Letrillas

Rojo amanecer logró transportarnos a la masacre de Tlatelolco sin necesidad de mostrar imágenes de la matanza. Como toda buena ficción, se valía de una metáfora para simbolizar el esperpento gubernamental: la vida familiar en un departamento de la unidad habitacional y cómo es literalmente triturada por la violencia. De la Plaza de las Tres Culturas tan solo los gritos, el estruendo de las armas y una bala solitaria que se incrusta en una ventana del departamento de la familia protagonista. La avidez con que se vio esa película, primera vez que se autorizaba una crítica radical al gobierno por esos hechos, influyó en la transición y la alternancia. De esa magnitud es el poder de la imagen cuando toca las fibras sensibles de una sociedad. Por eso se permitía la lectura de La sombra del caudillo, de Martín Luis Guzmán, mientras se censuraba el filme de Julio Bracho.

Presunto culpable está teniendo un impacto equivalente, si no mayor, a la película de Jorge Fons. Con una diferencia importante, que habla a favor de nuestra democracia: Rojo amanecer fue tolerada por las autoridades y Presunto culpable es alentada por ellas. Apoyada por instituciones públicas y privadas de México y el extranjero, con el respaldo de un empresario de la solidez de Manuel Arango, con el aval moral de una persona como Alejandro Martí, celebrada en los medios masivos de comunicación en un arco que va de Carmen Aristegui a Joaquín López-Dóriga, el consenso que ha suscitado esta película es también inédito. Premiada en una decena de festivales de cine en el extranjero, en México ganó premios en Morelia y Guadalajara y es el documental más visto de la historia. En marzo fue el tema de portada de Nexos, Gatopardo y Este País, con aplauso unánime (en Letras Libres publicamos una reseña favorable en febrero). Los columnistas de la prensa se han quedado sin adjetivos para elogiarla. Los conductores de radio y televisión, sin voz de tanto pregonarla. Sus creadores, Roberto Hernández y Layda Negrete, han sido entrevistados por medio mundo. El exonerado José Antonio Zúñiga debuta en la música con el soundtrack de la película.

La tesis del filme es inobjetable: en México la justicia no funciona. La presunción de inocencia, precepto constitucional, no se cumple. Las cárceles están llenas de inocentes. La policía judicial y el ministerio público son incapaces de llevar a cabo una investigación honesta y documentar un delito. Los acusados no ven a su juez. El estímulo económico para detener y procesar sospechosos invita a la fabricación de culpables. Contradecir al ministerio público tiene un costo mayor para un juez que darle la razón con una sentencia condenatoria. Como dijo el abogado Antonio Caballero, director de la División de Asuntos Jurídicos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (cide), en entrevista con Yaiza Santos en nuestro blog Otras voces (7 de octubre de 2009), “pareciera que el sistema penal fuera una línea de producción, y una vez que el individuo está sentadito en la banda, adiós: los demás se van a dedicar a ponerle el tornillo que le falta y la cadena va a desembocar en la cárcel”.

¿Cómo oponerse a una película que desnuda la situación calamitosa del sistema judicial y penal? Criticar Presunto culpable puede ser leído, naturalmente, como una defensa del statu quo del aparato judicial mexicano, que apesta. Además, Roberto Hernández, codirector de la cinta, contribuyó decididamente a la reforma judicial del 2008 que incluyó, entre otras muchas cosas, una reforma constitucional y la instauración en México de los juicios orales, con plazo máximo para su puesta en práctica para el 2016. El propio Hernández, en una entrevista con Azul Aguiar para Milenio Semanal (6 de marzo de 2011), explica el proceso que hizo posible la reforma, en la que fueron claves su cortometraje anterior, El túnel; el trabajo de un grupo de expertos en temas de justicia del cide, encabezados por Ana Laura Magaloni; Renace, la organización de Ernesto Canales dedicada a defender a personas de bajos recursos injustamente procesadas; la Red de Juicios Orales, y un importante cabildeo con figuras clave de la política mexicana, incluida la diputada por Convergencia Layda Sansores Sanromán, ex senadora del pri, ex integrante del prd, dos veces candidata a la gubernatura de Campeche, pieza singular de la campaña de López Obrador a la presidencia en el 2006, hija de un célebre (y temido) líder del pri y madre de Layda Negrete, coautora de la película y esposa de Hernández:

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